Hubo un tiempo
en el que los futbolistas permanecían durante toda su carrera deportiva en un
mismo club. Sin embargo, hoy en día este tipo de futbolistas son una verdadera
excepción. Con esa afirmación no queremos decir que hoy en día no exista este
tipo de futbolista que no tiene más motivación que defender los colores que
quiere hasta que se retire, pero si es cierto que el devenir del fútbol moderno
ha provocado que los “one-club-men” – así es como se conoce este tipo de jugador
a Inglaterra -, sean una autentica y rara minoría.
Podemos ver una
grandiosa cantidad de futbolistas que nacen en un club, crecen en un club,
alcanzan la cima deportiva en un club, pero sin embargo, después de muchísimos
años defendiendo los mismos colores, el jugador en
cuestión opta por buscar una salida. Una salida que normalmente será a un club
mucho menos competitivo pero con la que el jugador ingresara en dos o tres
años, el doble que ha ganado en toda su carrera. Las ligas de Catar, China o
Estados Unidos son el claro ejemplo de campeonatos ligeros emergentes que ahora
ven la posibilidad de crecer deportivamente gracias a su exagerado capital
económico.
Los ejemplos más claros son los de Didier Drogba, que tras 359 partidos con el Chelsea opto por macharse al Shanghái Shenhua chinés para ingresar cifras astronómicas que provocarían que un jugador en la recta final de su carrera fuese uno de los mejor pagados del mundo. Aún así, dos años después Drogba volvería al club londinense para dar sus últimos coletazos. Y este no es el único caso, Raúl González Blanco se marchó a Catar en 2010, Alessandro Del Piero se marchó a Australia en 2012, y Gerrard lo hará próximamente en Estados Unidos. Sin embargo, la locura llega a tal punto que a principios de este mismo mes salía a la luz una oferta que el Hebei China Fortune había hecho al Espanyol por su buque insignia y capitán, Sergio García. Fuentes próximas al club barcelonés aseguraban que pese a ser una mala operación para el Espanyol, ya que perdería su referente ofensivo, el jugador pasaría a cobrar casi veinte millones de euros brutos en dos temporadas. Algo exagerado si tenemos en cuenta que en el Espanyol, siendo el mejor pagado de la plantilla, su sueldo no llega a los dos millones de euros anuales.
Sea real o no, lo que evidencia el caso de Sergio García es que tenemos un problema. Ya que con casos como este, podemos constatar que el fútbol se ha ido convirtiendo lenta pero inevitablemente en un negocio a gran escala. Un negocio que no entiende ni de sentimientos ni pasiones, que enriquece a unos pocos y que ha matado aquella idea más romántica del fútbol. Mientras que Paolo Maldini, Gary Neville, Baresi, Sanchís o Ryan Giggs permanecieron toda su carrera en sus respectivos clubes, los Del Piero, Raúl o Gerrard prefirieron buscar una salida que hirió a la afición pero que llenó sus bolsillos.
Blai Melgar Anguera

